Odio las presentaciones.
Son esos momentos en los que lo esencial es
conocerse. Donde se descubre la auto-ignorancia, o por lo menos la mía. Es el momento de pensar:
¿Quién soy?
También es el momento en el que te etiquetas en la mente de los demás, después de la presentación
vas a ser lo que decidiste presentar de vos.
"No hay una segunda oportunidad para una primera impresión" dice Oscar Wilde , aquel gay que consiguió escandalizar a la clase media de la Inglaterra victoriana.
Pero bueno, es mi hora. Y como presentarme no es algo que me guste o salga puedo decirles que soy un cronopio. Si aquellos seres verdes y húmedos que Julio Cortazar presento al mundo. Los cronopios son criaturas ingenuas, idealistas, desordenadas, sensibles y poco convencionales.
Para que lo entiendan mejor les dejo este fragmento de su libro "Historias de Cronopios y de Famas":
Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades.
Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas".
Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.
Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan.
Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la velocidad, como es natural. Las esperanzas lo saben, y no se preocupan. Los famas lo saben, y se burlan. Los cronopios lo saben, y cada vez que se encuentran una tortuga, sacan la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de la tortuga dibujan una golondrina. Julio Cortazar
Simplemente, soy. Dejemos de especular. (ESPECULAR: Perderse en sutilezas o hipótesis sin base real.)
Bienvenidos al palacio de la duda, a la casa del miedo.